Saltar al contenido

Tiempo al tiempo

Doscientas horas han pasado desde la última vez que la vida no me pesaba. Mi amor se ha perdido en las manecillas del reloj, mis ganas están gastadas. Estoy, como siempre, torturándome con ideas, con sentimientos, con palabras.

Soy incapaz de recordar un centenar de cosas. Soy incapaz de describir con precisión los detalles de lo que fuimos, aun así la angustia es exactamente la misma que había cuando te tenia conmigo. Las pesadillas son las mismas y he perdido la capacidad de conciliar el sueño.

Han pasado doscientas horas más desde que la inocencia cegaba mis ojos, desde que los sueños definían el curso de mis pasos.

Ha pasado un poco más de doscientas horas desde que escuché tu voz por última vez, desde que miré tus manos y me dejé sujetar por tus besos. Ha pasado tanto el tiempo que he tenido la oportunidad de observarte como eres, de entender lo imperfecto que eres.

Angel caído

“Sparkling angel I believed
You are my savior in my time of need.”

Me recuesto sobre la cama para poder ver su rostro por completo mientras él me habla de las cosas que habían pasado, de nuestra historia, de lo que habíamos sido. Mientras yo recuerdo cómo lo había querido.

Llevamos un shot de tequila, dos, quizá tres. Pierdo la cuenta, empiezo a perder el control.

“Ahora veo con claridad que la distancia es relativa, que quizá jamás consiga alejarme lo suficiente.” Tristeza

Empiezo a revivir, a sentir de nuevo. Quiero abrazarlo, que me posea, mi lujuria tiembla y luego solo soy vacío de nuevo. Mi cabeza revive los recuerdos: todo empezó con un sueño, un par de dibujos y juegos sin sentido. —Todo empezó con sexo.— me dice con tranquilidad.

“¿Esto es lo que soy? 
¿Es aquella fantochada nuestra vida?”

Recorre mi espalda con su mano, me desabrocha el sostén y acaricia mis piernas mientras las manos le tiemblan. Me dejo llevar, me permito sentir y que cada sensación me ayude a recordar. Acaricia mis costillas, juguetea con el nacimiento de mis senos mientras mis piernas acarician las suyas.

Sujeta con fuerza el nacimiento de mi cabello y da tirones hacia atrás. Suelto un gemido que lo incentiva a continuar, tira una y otra vez con fuerza mientras los gemidos se escapan de mi boca, mientras mi pelvis se suelta.

Su rostro y mi rostro juntos, de nuevo, después de tantos años. sus labios, acercándose, intentando quebrarme, intentando poseerme. Sus manos tan calientes.

“¿Quién lo detendrá?, 
¿Quién me detendrá?” 
-Cian 49
“I still remember
The smile when you tore me apart.”

Me aferro con fuerza a su pecho, como en el principio. Puedo escuchar su corazón latir con fuerza y rapidez dentro de su caja torácica. —¿Esto es felicidad?— susurra una niña en mi cabeza. Entonces los recuerdos estallan en mi cerebro gritando, gimiendo, llorando. Las lagrimas, las discusiones, las traiciones. Todo se atasca en mi cerebro, todo vuelve, el dolor vuelve, exactamente igual, corre por mis venas las desolación. —Él no tiene corazón me susurra una mujer en lo más profundo de mi cabeza— esto no es felicidad. 

“What is the reason, the thorn in your eye?”

Me pide una y otra vez que me quede a dormir, que me quede con el esa noche, toda la noche. Que duerma con él. Y la tentación es inmensa, doy una vuelta tras otra en la cama, en sus brazos, sobre su cuerpo. Miro sus ojos, siento su respiración. La tentación aumenta.

“Me juegas sucio, 
Y con mi propio pincel me atacas.”
-Cian 49

Me dice que ha cambiado, que todo podría ser mejor. Intento creerle, me gustaría querer creerle.

“It was all just a lie.”

Recaída

Desperté con todos los estragos de haber bebido de más: con la cabeza a punto de explotar por la tristeza y la conciencia furiosa por las tareas pendientes que tenía por hacer.
En mi celular está el rastro de alguna discusión y mis ojos, hinchados y adoloridos, me recuerdan que he pasado horas llorando.
Pensé que pasados los años el pasado pesaría menos, imaginé que el tiempo me enseñaría a dejar de cometer los mismos errores de siempre.
Olvidé las reglas que me había establecido, olvidé aquel mantra que me repetía para no volver a caer en sus brazos.

He despertado donde no debía, junto a quién no debía.

¿Hasta cuándo vamos a continuar?