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Mientras la gente pasa – Preguntas y respuestas

–Debería estar muerta.– Pienso una y otra vez, y puerta vez mientras unas 70 y pico de personas caminan a mi alrededor. –No voy a ninguna parte.– Me digo. –No tengo futuro.– Concluyo.

¿Cuánto tiempo llevo sintiéndome de esta forma? ¿cuántas veces he jodido las cosas que me rodean hasta ya no saber cómo arreglarlas?
Estoy cansada, de cometer tantos errores. Quiero escapar de todo.

“La madurez se ve en las reacciones que tenemos frente a la vida, en la forma que respondemos frente a las circunstancias que ocurren.”

Nada.

Me estoy autoflajelando por los errores que he cometido.

Rigor, compromiso. Miseria.

Aparece nuevamente el miedo, la falta de gana, la falta de esfuerzo. En mi cerebro retumba el deseo de escapar 500 veces, 5000 veces más. Tirar la toalla.

Dolor de nuevo, tristeza de nuevo.

¿Cómo escapo de todo este sin sentido?

Dinamita para el corazón

Doy un profundo respiro, miro el reloj y los minutos pasan increiblemente rápido. Y las sensaciones de nostalgia y añoranza se afianzan con mayor fuerza en mis entrañas.

Nada.

Son las 10 de la mañana, nada tiene sentido, nada tiene importancia. Debería escapar de nuevo, abandonar las obligaciones, huir de la casa, apagar el celular, esconderme bajo algún puente que surca el Estero Salado, evadir la luz del sol.

Desespero.

Me duelen las piernas, los brazos; tengo la espada agotada. Y no me duele nada.
Evadir, omitir, ignorar.

Silencio.

Soy un cúmulo de pensamientos sin rumbo. Soy la proyección de la agonía silenciosa. Estoy aferrada a mi tristeza llorando en los brazos de quién en algún momento fue mi amor. Llorando en los brazos de quién ya no es nada en mi vida. Estoy, sola, dinamitando mi corazón.