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Jueves 13 de Enero 2011

Sí, generalmente me demoro un mínimo de 4 horas para pintarme las uñas. Intentare que esta vez queden algo decentes. Es apenas la 1:47 am, el teclado lleno de polvo empieza a reventarme los nervios, nervios que siempre están alterados, cabe recalcar. Me han llamado histérica más de una vez, podría creer que es cierto. Siendo racional, en ciertas cosas lo soy, en otras simplemente dejo florecer mi lado animal, ya no dudo de mi histeria.
Momentos como este, donde se supone que hago deberes frente al computador han dejado sus marcas firmes en mí. Ojeras oscuras, migrañas constantes, ojos hinchados por el llanto constante, reflexiones que intentan ser objetivas, ideas, planes que no cumplo por idiota, desordenes de sueño y alimenticios.
El reloj avanza y sigo con media paginada diagramada. Miserable, ha sido la palabra que me ha identificado desde meses atrás. A mis espaldas escucho el ligero murmullo del televisor prendido, quisiera estar allá, descansando, perdiendo el tiempo, aunque ya lo pierdo, pero cómoda.
Si, suavemente empieza a aumentar el dolor de cabeza, aun es soportable, aun es quedito como los pasos de un niño que pretende ocultarse. Aun hay esperanzas que de la misma manera que llego se detenga, sin que lo note.
Nuevamente he caído en su dominio. He pecado contra Dios, defraudado a mis padres que aun no lo saben. Soy indigna. Y eso, que en otros momentos parece no importarme, ahora, en este instante de desesperación y depresión me atormenta como los mosquitos del verano.
Tonterías. Me prometí a mi misma un sin número de cosas que estúpidamente aun no encuentro la forma de cumplir.
Hace días que no twitteo de forma regular, al momento he perdido dos followers, y creo que eso ira en incremento, pensaría que las ideas se me han fundido, o que quizá ya me encontré una vida más entretenida que estar tras la computadora. No, ninguna de las dos, mis ideas siguen iguales o más audaces que en otros momentos, mi vida sigue quizá de la misma manera, escondida tras el delineador y el corrector de ojeras. He perdido las ganas de cualquier cosa, de cualquier burla, crítica o grito de verdades ahogadas. Enferma, me escondido entre mis almohadas, temerosa de recaer llevo dos días llegando temprano a casa para evitar cualquier inconveniente. Me he dedicado a hacer operaciones estúpidas en la calculadora. Escribir palabras sueltas. Derramar una que otra lagrima. Fingir cortesía y buen ánimo. Ya ni ganas de pintar tengo. Continuo en la segunda página del primer capítulo del libro, y no sé qué hacer en ella. Seca de ideas.
Nuevamente canciones estúpidas rondan mi cabeza frenética y fácil de seducir. Al menos ahora el master tiene un par de viñetas y la numeración de página. Al menos.
Si, bastaba hablar con la iletrada para que todas las ideas en mi se revolvieran. Para que me desesperara de nuevo, para que volviera al estado de fastidio, odio, asco y paranoia que bien puedo representar. A veces quisiera ser como los españoles en su día de cólera.
Entre ratos siento el vientre duro y con ganas de ponerse a joderme la paciencia de nuevo, empiezo a sentir hambre, a creer que el cansancio empieza a aparecer.
Y dieron las tres. Al final nunca pase el nivel.