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Cuarentena – Día #9

La terapia de picar vegetales

Noveno día. A pesar de que afuera de mi ventana, en la calle brilla el sol hoy es uno de esos días oscuros.

“Días oscuros” es el nombre que le di hace muchos años atrás a esos momentos en los que todo parece más sombrío de lo que realmente es, aquellos instantes en los que no logro pensar con claridad y me siento derrotada.
Hoy no vislumbraba ni un asomo de esperanza. Colapsé como un montículo de arena bajo una tormenta. No aguanté más mantenerme estoica, positiva; y grité, lloré, discutí con las personas que quiero, me aísle.

En momentos como este duermo un par de horas para calmarme y no hacer ni decir cosas de las que podría arrepentirme después. Al despertar recurro a mis libros, dibujar y, ahora, a preparar recetas. Me distancio de las redes sociales, de la negatividad, paranoia, miedo, y opto por entretenerme con otras cosas.
A veces necesito estar sola, desconectada de todo para respirar un aire diferente y reconectarme con la calma interna.

Mi terapia para hoy fue preparar salsa pomodoro, con la excusa de no dejar más tiempo los tomates en la refrigeradora sin que se echen a perder.

Julia Cameron en el libro El Camino del Artista lo menciona: para crear recurrimos a la información que hay en nuestro interior, y esta información hay que rellenarla cada tanto, como un pozo que necesita agua. Una actividad que nos rellena es cocinar, picar vegetales.

Picar tomates, zanahorias o pepino es mi terapia. Con el patrón repetitivo del cuchillo subiendo y bajando para cortar los vegetales rítmicamente mi cabeza se relaja, me desconecto. Mi respiración se des acelera. Me calmo.


Descubrimientos en la cuarentena:
• Cómo hacer salsa de tomate casera o salsa pomodoro (sin pieles ni pepitas) > https://bit.ly/2Jl09uZ

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Cuarentena – Día #6

Cocinar como terapia contra la ansiedad

Desgano, 6 días sin salir de casa. Quiero convencerme que esto va a mejorar. Durante la semana Fran ha salido un par de veces a la tienda a buscar cosas que nos faltaban, yo no. Me da miedo salir, me da miedo enfermar y por lo tanto ser posible foco de contagio.

Cosas que pasan cuando hay una pandemia:
• Una amiga y su familia no tienen víveres en casa y tienen miedo de salir a comprar.
• La abuela de un amigo falleció por una enfermedad y no pueden preparar la ceremonia que quisieran: ni misa, ni reunión, ni velatorio.
• Uno de mis sobrinos cumple 6 años esta semana, se canceló la fiesta, y no podremos verlos más que por video llamada. Ha costado explicarle que no pasará con los tíos, ni los abuelos, ni los amigos. Solo con mamá y papá.

Estamos paralizados, juntos pero separados. Una vida en pausa que trata de avanzar a toda costa.

Hace no mucho me diagnosticaron ansiedad, y mi cuerpo ya está mostrando el rechazo a la situación mundial: he perdido el apetito, cuando como me cae mal, a veces tengo taquicardia, no duermo bien y cuando lo hago tengo pesadillas.

Cocinar es una de nuestras mayores distracciones en este periodo. Cocinar es el teatro que le monto a la ansiedad para que pase ocupada, como se hace con un niño pequeño quien no ha desarrollado la paciencia y aceptación. Cocinar es el escape para la rutina y el medio, para hacer y probar algo diferente todos los días. Es mi artimaña para no sentirme encerrada, aunque lo estoy.
Todos los días busco una receta nueva para preparar en alguna de las comidas, hoy hicimos Trigrillo*.


Cosas que he descubierto durante la cuarentena:
• Receta de Trigrillo ecuatoriano. > https://bit.ly/2wzesJJ
• Receta 2 de Trigrillo ecuatoriano. > https://bit.ly/2QFG8n4

*Añadí leche a la preparación del tigrillo aunque en ninguna de las recetas lo mencionen para que no estuviera tan seco el verde (plátano), y usamos tocino en lugar de chicharrón de chancho porque era lo que teníamos.

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Cuarentena – Día #5

—Hoy es sábado— pienso mientras miro el techo. —Es sábado me repito. —Y que solos estamos.—
Estoy acostumbra (quizá mal acostumbra) a salir los fines de semana, distraerme, ver amigos, ver personas. Caminar por las calles que sentía seguras hace no mucho, andar a donde quiera.

Yaguachi, foto del 8 de marzo del 2020.

En el 2006 tuve mi primer enamorado. Éramos una combinación destructiva de inmadurez y obstinación. Duramos poco, unos 8 meses. Muchos años después él se mudo a Europa, se casó, tuvo 5 hijos. Ahora su esposa espera el 6to.
Hoy me enteré que su hijo más pequeño dio positivo para el virus y posiblemente él, su esposa y los otros 4 niños también lo tengan.
¿Esto realmente está sucediendo?

El día de hoy 793 personas han fallecido por Covid-19 en Italia. En ecuador el vicepresidente ha declarado suspendidas las actividades laborales hasta el 31 de marzo.

Las noticias me golpean con brutalidad en la cara, en el corazón. Tiemblo, me estremezco, se me saltan las lágrimas de los ojos.
Siento tantas emociones cayendo sobre mi como olas, como fuertes bofetones, como rocas que tratan de derribarme. Todo es tan extraño, tan indescriptible, tan absurdamente loco. Nunca, ni en mis pesadillas más oscuras hubiera imaginado algo como esto. Quizá ninguno de nosotros lo hubiera imaginado.

A veces pienso que al escribir este diario estoy narrando una distopía, que le estoy contando a un amigo el resumen de una historia apocalíptica. A veces pienso que esto no es real, que esto no ocurre, que solo vive en mi atrevida imaginación.
Encerrada en mis cuatro paredes esta realidad parece no tener sentido. Es una mentira, una ilusión, un absurdo. La historia terrorífica de algún guionista descabellado, de un científico loco y malvado. No lo es.
Me golpeo contra la verdad. Ocurre, está pasando, me está pasando, nos está pasando a todos.

Mi diario en papel.

Con cada nuevo conteo de personas contagiadas que publican los medios oficiales Fran calcula rápidamente la cantidad de personas que ha aumentado. Los números lo tranquilizan y aterran. Lleva el cálculo mental de los porcentajes de crecimiento para estar seguro si debe preocuparse o tranquilizarse. Al final del día solo es la primera. Sin embargo se mantiene positivo, me dice que vamos a salir de esta, que todos saldremos.

En los últimos días lo único que leo o veo son noticias, he perdido el interés por los libros y las series. Por el nerviosismo he perdido mis viejas costumbres. Ahora mi vida gira en torno a lo que ocurre en el presente.


Descubrimientos en la cuarentena:
• POR QUÉ DEBERÍAS ESCRIBIR DURANTE LA CUARENTENA DEL CORONAVIRUS UN DIARIO > https://bit.ly/2Ucr6Hw
• Diario de su cuarentena: use el poder de escribir para superarla > https://bit.ly/2xU1x5g

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Cuarentena – Día #4

Desayunamos viendo las noticias, nunca hacemos esto entre semana, casi siempre cada uno desayuna en su oficina por el apuro. Ahora nada es como antes.

367 casos confirmados con coronaviru en Ecuador. 426 enfermos al finalizar el día.

Fran y yo estamos trabajando juntos, como hacíamos años atrás. Solo que ahora no lo hemos decidido nosotros. Nos sentamos uno diagonal al otro, nuestras computadoras están juntas y hay un espacio entre ellas por donde podemos vernos. Un truco para sentirnos menos solos en medio del silencio y la ausencia de otras personas.
De vez en cuando uno de los dos canta, baila o le lanza un beso al otro. Lo hacemos cuando notamos que nuestro compañero está preocupado o triste. Dos emociones muy comunes ahora.

—¿Qué quisieras hacer cuando acabe todo esto?— me pregunta Francisco mientras trabajamos. Trata de provocarme esperanza por volver a nuestras rutinas, a las cosas que nos gustan. —¿Quisieras comer pizza?— sonríe.
—Quisiera ver a mi mamá.— Es lo primero que digo. Lo único que digo. Luego me ruedan las lágrimas por las mejillas.

Una de mis amigas de toda la vida es parte del cuerpo médico que trabaja en los hospitales que batallan contra el Coronavirus, ahora busca un lugar donde quedarse porque no quiere contagiar a sus padres, su papá tiene cáncer.

A Fran y a mi solo se nos ocurre sugerirle que pida ayuda en redes sociales. Al final de cuentas ¿ese no es el objetivo de las redes, distribuir información, conectarnos?
La ayudamos. Redacto un texto para ella y Fran diseña una imagen que compartiremos con la esperanza de que llegue a alguien que brinde una solución.

Dentro de este mar de situaciones conflictivas, de desconcierto, donde Francisco y yo no tenemos herramientas para solucionar nada (porque no somos médicos, investigadores, policías, ni siquiera políticos) dar la mano a una amiga con lo que sabemos (escribir ideas, diseñar, usar redes sociales) es una forma en la que ponemos nuestro granito de arena en esta batalla. Una trampa contra el miedo y la impotencia. Una distracción contra la angustia por las malas noticias. Un shot de realización por aportar en esta enorme causa. Un rayo de luz.

¿Cómo estás ayudando tu?



Cosas que he descubierto durante la cuarentena:
Dalgona Coffee, una bebida de café popular en Corea del sur que es fácil de hacer en casa. – https://bit.ly/2vGnOD5

Dalgona Coffee para la merienda.

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Cuarentena – Día #3

A través de mi ventana no veo mucho: una calle vacía, un edificio en construcción que quedó paralizado, unas casas silenciosas que por fuera dan la impresión de estar abandonadas hasta que se encienden las luces y recuerdas que ahí también hay seres humanos que no pueden o deben salir. A través de mi ventana veo el cielo, el atardecer.

El atardecer es una constante en estos momentos. Sé que todos los días nos visita cerca de la misma hora, pasa por unos pocos minutos y de la misma forma se va a ir. Solo el atardecer avanza, como las horas, como el tiempo. Los demás, muchos, todos, estamos a la espera de buenas noticias. De eso se tratan nuestros días ahora: esperar buenas noticias.

Nunca abro las ventanas por temor a que alguien nos mire. Por paranoia y rechazo a ser observada. Ahora están abiertas, no hay nadie quien pueda vernos, no hay nadie fuera.
Juntos. Aislados. En una casa. Tenemos plantas. Tenemos comida. Tenemos internet. Nos tenemos.

Salimos al patio a tender la ropa recién lavada, la vecina sale al suyo para alimentar al perro. Es la primera vez, desde que empezó esto, que veo a otra persona (que no sea ni Fran, ni alguien de nuestra familia) en la vida real, no a través de una pantalla, ni una ventana. Tan cerca y tan lejos.
Nos pregunta cómo estamos y por primera vez me doy cuenta cuánto extraño ver a otras personas, hablar con otras personas. En esta casa somos solo dos. Recién ahora puedo notar lo insólito que es el aislamiento.

Cuando salgamos de cuarentena todo será nuevo, ver a otras personas será algo raro, algo a lo que habremos perdido la costumbre pero que añorábamos. Será una experiencia nueva y al mismo tiempo vieja. Algo que por un tiempo vivía solo en nuestros recuerdos. Y será emocionante. Quiero ver a mis amigos, a mi familia y abrazarlos.

Soy un ser humano y anhelo cosas. Anhelo ver a otros seres humanos. Anhelo tocar las hojas de los árboles, ver los arbustos que hay en la calle y caminar cerca de las flores. Anhelo salir y sentirme segura fuera.

Me pregunto cosas tontas —¿Si salgo a la calle a caminar a las 11 de la noche me llevarán presa? ¿Alguien me verá? ¿Alguien se dará cuenta que transgredí las leyes?— No lo hago.

Cuando salgamos de esto no seremos los mismos.



Cosas que he descubierto durante la cuarentena:
House party. App para el celular con la que puedes jugar en línea junto a tus amigos mientras realizan video llamada. – https://bit.ly/3bfKZDo
Cursos Gratuitos en Domestikahttps://bit.ly/2QCmrN0
• Consejos para la cuarentena por un marino.https://bit.ly/2xXlf08

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Silencios

Hay silencios incómodos que se sienten como hiel. Que se deslizan sobre nosotros y desdibujan lo que fuimos, lo que podríamos ser.

Días turbulentos, de mareas de emociones, confusiones, incertidumbre. Vacíos, inseguridades que afloran a la superficie. Taciturnos, solitarios.

Soy un ente inerte, agonizante, desconectado de todos, con miedo a crear lazos que podría perder, con miedo a conectar con la persona equivocada y terminar engañada. soy un ser añorando amor. Sola.

Y por otro lado, hay silencios que son calma, necesarios, vitales. Que nos recargan, que nos devuelven perspectiva y se transforman en puente entre dos ideas.

Estoy sola en el silencio de las horas que acaecen sobre mi, del tiempo que transcurre, que avanza como las gotas de lluvia al otro lado de la ventana. Estoy sola en este limbo, en este punto medio entre lo que existió y lo que ya no está.

Hay silencios huecos, como cuevas sin salida. Hay silencios que me recuerdan que ya no estás.

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Un atentado a la vista

No volveré a ver al ají seco con los mismos ojos.

Estas viñetas están basadas en una vivencia real que ocurrió hace 4 días mientras veíamos Harry Potter y la Orden del Fénix y comíamos pizza.

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La moraleja: nunca recostarse en las piernas de una persona que come cualquier alimento con ají seco, y nunca comer ají seco y sobre la cabeza de otra persona. Siempre en caso de emergencia llamar a un doctor de confianza.

Algún día, cuando nuestra descendencia vea estas ilustraciones, sabrán todas las veces que nos aporreamos entre nosotros sin mala intención.

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