No se cómo definir las sensaciones que tengo dentro. No se qué nombre darle a la tristeza que se acumula en mi interior. Una vez al mes mis entrañas colisionan recordando, añorando. Y soy un mar de suspiros, dolor y furia.
Las furias, pienso en ellas e imagino que son las culpables de todo. A veces no comprendo la fuerza que me impulsa. A veces yo soy otra furia.

Continúo preguntándome un trillón de cosas sobre el destino. Veo los golpes y cicatrices en mi cuerpo como trofeos de las batallas ganadas, de cosas que quizá nunca pueda olvidar. En mis sueños el aire se escapa de mis pulmones y se apodera de mi la angustia. En mis pesadillas caigo, con toda la fuerza de la gravedad, sobre mis rodillas. Este es otro instante de silencio mientras siento como algo se retuerce en mi interior. Tengo las manos marcadas con las huellas de las mil batallas que he vivido. Mis ojos están cansados y la desesperación podría hacerme suya, otra noche más.

Inhalo profundamente.

Intento serenar mis ideas, tranquilizar mi corazón. Inhalo el aire puro que me rodea, y la adrenalina destroza mis pulmones. La calma ¿dónde está la calma? Mis ideas ¿cómo detengo mis ideas?

Estoy tirada en el suelo conteniendo la respiración para que las lágrimas no se me escapen. Para fingir estabilidad.