Doscientas horas han pasado desde la última vez que la vida no me pesaba. Mi amor se ha perdido en las manecillas del reloj, mis ganas están gastadas. Estoy, como siempre, torturándome con ideas, con sentimientos, con palabras.

Soy incapaz de recordar un centenar de cosas. Soy incapaz de describir con precisión los detalles de lo que fuimos, aun así la angustia es exactamente la misma que había cuando te tenia conmigo. Las pesadillas son las mismas y he perdido la capacidad de conciliar el sueño.

Han pasado doscientas horas más desde que la inocencia cegaba mis ojos, desde que los sueños definían el curso de mis pasos.

Ha pasado un poco más de doscientas horas desde que escuché tu voz por última vez, desde que miré tus manos y me dejé sujetar por tus besos. Ha pasado tanto el tiempo que he tenido la oportunidad de observarte como eres, de entender lo imperfecto que eres.