Estaba dispuesta a amar. Estaba amándote.
Y ahora me falta aire para respirar, me faltan conexiones para pensar, me faltan las ganas de reír. Ando cabreaba llorando en cualquier lugar, escondiendo mi tristeza, negando mis problemas. Ahora estoy sola, vacía, sin nada. Me falta el apetito, me faltan las ganas de vivir.
De nuevo.

Los minutos corren, las horas pasan y estoy sentada frente a un monitor pensando. Pensándote. De nuevo.

Los minutos pasan, las horas pasan y a cada instante estoy cada vez más borracha. Y sonrío, me hago a la idea de que te olvidé, me imagino que ya no me dueles. Y mi imaginación solo es ficción, y el dolor no se detiene.

Llevo, ya no sé cuanto tiempo, en una carretera mientras la gata sube y cambian la llanta. Nada me importa, estoy borracha, drogada, suicida. De nuevo.

Nada me importa, odio todo, los odio a todos. Me odio.
Y sí hoy acumulara las fuerzas necesarias acabaría con mi miseria.

Mi vida es una antología de historias trágicas y cartas suicidas. Estoy sola, maltrecha, sin amor, desganada. Y si yo no me amo ¿quién me va a amar?

Los autos pasan, las personas pasan, los amores pasan y yo estoy plantada en el asiento del copiloto esperando que algo suceda.

Me encuentro en la orilla de tus deseos, bajo la luz de la noche. Jodida, jodidamente jodida. Con la maldita cabeza jodida. Borracha. Jodida.

Me despierta el ruido de las pesadillas que se desarrollan en mi cabeza. Me despierta el escándalo de las pesadillas que me aniquilan el cerebro. Nada tiene sentido, la nada carece de sentido. Yo soy nada.

–DÉJAME– le grito, le suplico, le lloro. –Déjame que ya no puedo, que ya no me aguanto. Déjame que deseo morir.–

“¿Y si tan solo intentas? ¿Y si tan solo lo intentas?”