Cuando era adolescente, en clase de religión las monjitas siempre nos hablaban de las “pruebas de amor” y nos daban el discurso sobre amor propio, respeto al cuerpo y verdacero amor de pareja que ustedes ya pueden imaginar. Pero hoy no voy a hablar sobre eso.

Sin importar la edad que tengamos, nos encontramos con situaciones que nos hacen cuestionar sobre los sentimientos que tenemos. “¿Qué cosas harías por amor?” esa es una de las ideas que vienen a mi cabeza de vez no cuando.

Está es una escena real que ocurrió la semana pasada con Fran. Debo señalar que no me gusta la cebolla y que al final pasé la prueba.