De tus manos parte el fuego que tanto tiempo llevó dentro de ti existiendo.

Hoy tu corazón llora la partida del soldado retirado.
Él se marcha para jamás volver.

Tú, señorita, lo ves alejarse del campo desde tu puerta,
El se marcha sin mirar atrás.
Te arrepientes hoy de lo que jamás dijiste y debiste,
Te arrepientes hoy de todo, quizá.

Tus ojos pierden color tras cada paso del bello soldado,
Tu cabello se enreda con el viento que se lleva su olor.

El tabaco y la pólvora te incitan a gritar,
El recuerdo de sus besos a tu piel quemar.

Te ves a ti misma en el amplio campo de maíz.
Las cuatro paredes te susurran lo que ya sabes.
Sus cartas quedaran perfumadas con ternura de antaño,
Sus flores se deshojaran con cada una de tus miradas.