Mejor cierra las fauces, voraz amante, cruel gobernador.

Escucho la música satánica, veo tu reflejo mordaz que me habla, dice cosas que tu jamás dirás; te detienes junto a mi, bello al fin, y me das calor, amor; das en un suspiro cruel lo que no has dado aun, lo que no me querrás jamás dar.

Todo por ella, por su maldita voluntad.

Cansada se encuentran mis ojos de ver, mis oídos de escuchar palabras vanas, mi corazón de sentir basura por ti.

Mejor cierra las fauces y detente a llorar, derrama lo que no has derramado, paga por lo que ya has devorado, detente en la nada del espacio a gritar el dolor que no has podido aun sentir.

Tus lágrimas tontas caen en el cementerio de almas.

Harta de tu voz me veo caminar aun junto a ti, harta de ti te sigo a un fin.

El Titán se muestra benefactor, y sus poderosas manos contra ti deja caer. La doncella sonríe de júbilo, de maldito y abrazador placer.

Llega él, benefactor y piadoso, alza su mano contra ti, sonrió junto a la laguna de rojo ardiente.

Sufre bestia inmunda, paga lo que has hecho, dame lo que merezco tener.