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Vomitando

Estoy despierta desde las 5 de la mañana pensando, sintiendo. No recuerdo mayor cosa de la noche anterior, no recuerdo nada después de que el llegó a recogerme.

Llevo dos horas vomitando recuerdos sobre la almohada. Dos horas obligándome a olvidarte. Tu cuerpo no está, ni volverá a estar presente aquí jamás, y en mis ficciones las conversaciones siempre son de tres. Somos tu y yo, como siempre hemos sido, cómplices de nuestros pecados y está él, el amante, el cuerpo al que le doy tu rostro aquellas noches en las que tu ausencia me despedaza.

Él te parafrasea, te cita tan textualmente que olvido que no eres tu. Se sabe tus guiones como si te hubiera conocido, como si yo le hubiera extendido el libreto con lo que debe decir. Y eso me destroza.
A veces me quiebro y rompo a llorar en sus brazos porque te extraño, a veces me pierdo en sus ojos recordando los tuyos.
Me enseñaste tan bien a conocerme, me domesticaste tan bien que cuando estoy en la cama con él me muerdo la lengua para no llamarte.

Y otras muchas veces, cuando mi cerebro está atiborrado de recuerdos y drogas, olvido que ya no estamos juntos e intento volver a tenerte. Volver a dormir contigo y hacer una vez más todas las perversidades que, tan bien, nos definían.

Silencio.

Ya no me cuesta admitir que te extraño.

Otro día gris

Me he visto azotada por la tristeza, me he visto consumida por la preocupación. Es otro día gris, otro día que no termina de tener sentido. Otro confuso instante lleno de ira y dolor.

Se me escapa la tristeza

Despierto sola en la cama, despierto envuelta en melancolía. Es un día nuevo, igual que todos los otros miserables días que han dado vueltas a mi alrededor. Solo soy una ficha, una pieza en el juego del destino.

Te recuerdo como el alma en pena recuerda al verdugo instantes antes de la ejecución. Te siento, como si nunca hubiera decidido que lo mejor era correr lejos de ti.
No hay nada, no soy nada y a cada paso la tormenta se aferra dentro y más dentro de mi.

Es otro día gris. Otro de esos días en los que me quedaba encerrada en casa fantaseando ideas de muerte y destrucción.
Llueve demencialmente. Hablo con el cielo, le suplico que termine conmigo antes de que el dolor lo haga por mí.

Se me escapa la tristeza, se me acaban las ganas. Es otro día en el que no encuentro las fuerzas para continuar, otro día en el que no termino de entender si la angustia es emocional o física. Otro día en el que la locura me guía. Otro día frío, con deseos alejarme de todos, de todo.

Las inseguridades me consumen, las angustias me están consumiendo. Estoy enferma, los recuerdos y los miedos están carcomiendome por dentro. Llevo 20 minutos parada frente al espejo metiéndome en la cabeza la idea de que todo saldrá bien. —Al final y al cabo ¿no dicen que las enfermedades son cuestiones mentales?— Me repito mientras tomo las medicinas en las que hace mucho perdí la fe. Grandes lagrimones surcan mi rostro. Es otro día gris, otro de esos días en lo que todo colisiona a mi alrededor, y si dependiera de mi, el desgano ya hubiera agotado mi existencia.