Desperté con todos los estragos de haber bebido de más: con la cabeza a punto de explotar por la tristeza y la conciencia furiosa por las tareas pendientes que tenía por hacer.
En mi celular está el rastro de alguna discusión y mis ojos, hinchados y adoloridos, me recuerdan que he pasado horas llorando.
Pensé que pasados los años el pasado pesaría menos, imaginé que el tiempo me enseñaría a dejar de cometer los mismos errores de siempre.
Olvidé las reglas que me había establecido, olvidé aquel mantra que me repetía para no volver a caer en sus brazos.

He despertado donde no debía, junto a quién no debía.

¿Hasta cuándo vamos a continuar?