La odiaba con locura. Detestaba todo lo que significaba su esencia. Odiaba sus ojos castaños llenos de sufrimiento. Odia su maldita tristeza permanente. Le daba asco su victimaje.

La miraba todos los días con odio y asco, deseaba todos los días acabar con su vida. La odiaba, la tenía harta.

Se había cansado de su maldita dependencia emocional, de su debilidad, de su alcoholismo, la condenaba por su dependencia a los ansioliticos y las pastillas para dormir.

A veces se paraba frente a ella solo para corroborar el desastre de ser humano que era. La miraba fijamente y mencionaba mentalmente todos sus asquerosos defectos. A veces la golpeaba con tanta fuerza que sus mejillas quedaban las marcas rojas de los dedos.
“Podría acabar con tu vida en cualquier momento.”