–Soy un árbol.– le dije en un susurro que nadie más a nuestro alrededor alcanzaría a escuchar. –Estoy viva, soy resistente y tengo impregnado en la piel el dulce aroma de las hojas cuando caen sobre ellas las gotas de lluvia.– Terminé de contarle con una sonrisa coqueta en el rostro.

–¡SOY UN ÁRBOL!– Le grite mientras daba vueltas a su alrededor.– Tengo el poder de la transformación en mis manos y me modelo para alcanzar el sol. Y mis brazos, mis brazos son las ramas que anhelan tocarlo y brillar junto a él. Mis piernas son las raíces que están firmemente agarradas a la tierra, a lo que quiere.

Soy la vida, soy el esfuerzo por lo que desea. SOY UN ÁRBOL.