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¿Y si no quiero que termine la cuarentena?

Cuarentena – Día #77

No quiero que termine esta época, que esta cercanía tenga fecha de caducidad. No quiero que termine esta nueva dinámica que hemos creado: todo el día juntos, risas todo el día, conversaciones espontáneas, a veces silencios cálidos, abrazos cuando me plazca.

¿Soy la única a la que le pasa? ¿Soy la única persona que se ha acostumbrado a esta cercanía de su ser querido y que extrañará todo el tiempo juntos?

Días atrás escuchaba a unos conocidos comentar que cuando las personas vuelvan a sus trabajos, después de casi 3 meses de aislamientos y home office nadie va a querer repetir la frase: “ya manden a las casas”.

En esta conversación también decían que ya están cansados de pasar todo el día en casa con sus familias. No lo entiendo. No consigo ponerme en sus zapatos, no concibo compartir la vida con una persona que no quiero, con quien no soy feliz, o (en el peor de los casos) que no soporto.

Continúo buscando formas de lidiar con el cambio de rutina que se aproxima, esta historia aún no tiene fin.

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¿Y si vamos al dormitorio cogidos de la mano?

Cuarentena – Día #76

Esta viñeta es una reflexión que surgió hace unas semanas atrás, cerca del día 61, cuando yo aún no había salido de casa ni un solo día.

Antes de cuarentena Fran y yo caminábamos todos los días por las calles de nuestro barrio cogidos de la mano. Íbamos a pie de un lado a otro ya fuera en paseos, en trámites, camino a ver a nuestros amigos. Siempre caminábamos, y siempre íbamos de la mano.

“A veces las cosas más pequeñas parecen enormes.”

Michelle Obama, Mi historia

Aunque es cierto que ahora pasamos todo el día en casa juntos, es extraño que ciertas cosas de nuestra dinámica cambiaran de un día otro y que no tuvieran que ver con la estabilidad de nuestra relación.

Trabajamos en encontrar formas de continuar con nuestras viejas costumbres a pesar de las olas de cambio que estamos viviendo.

Mi motor para continuar, para adaptarme a todas estas situaciones es la frase que leí en algún lugar años atrás: “La única constante es el cambio.”

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Un atentado a la vista

No volveré a ver al ají seco con los mismos ojos.

Esta viñeta está basada en una hechos de la vida real. Ocurrió hace 4 días mientras Fran y yo veíamos Harry Potter y la Orden del Fénix, y comíamos pizza.

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La moraleja: nunca recostarse en las piernas de una persona que come cualquier alimento con ají seco, y nunca comer ají seco y sobre la cabeza de otra persona. Siempre en caso de emergencia llamar a un doctor de confianza.

Algún día, cuando nuestra descendencia vea estas ilustraciones, sabrán todas las veces que nos aporreamos entre nosotros sin mala intención.

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