Una carta a mis hijos que aún no han venido a este mundo y a los hijos de mis hijos.

Queridos hijos, en estos momentos su existencia es una cosas que nos parece incierta, aún no sabemos si los algún día podremos mostrarles esta tierra, aún no sabemos si tendremos la fortuna de verlos crecer. Pero si llegásemos a hacerlo, sepan ustedes cuánto los amamos.

El año 2020 para su padre y para mi siempre fue un número futurista, distante, irreal. Ambos nacimos en 1989, y en la mayoría de películas con las que crecimos el año 2020 era un número usado en la ficción, un sueño de una vida con autos voladores y tecnología deslumbrante. Pero como sabrán por los registros de la historia, no fue así.

El 2020 ha sido un año difícil, no solo para mamá y papá; sino que para muchas personas en este planeta. Estamos en una crisis sanitaria mundial sin precedentes, y la era digital nos ayuda a saber cómo esto avanza en tiempo real.
Las redes sociales se saturan de personas que cuentan sus pérdidas, denuncias de familiares o conocidos con los síntomas del virus y que nadie les ha tomado la prueba. Sentimos que vivimos en una pesadilla atroz.

Ilustración para el reto Dibujo Diario de Betero.

Esta enfermedad avanza rápidamente entre los seres humanos. Quizá si se moviera de forma más lenta como otras enfermedades igual de letales, los científicos tendrían más tiempo para buscar soluciones y disminuir los daños, o nosotros tendríamos más espacio para disfrutar y despedir a los enfermos. Pero no hay mucho tiempo para algunos, sobre todo para las personas de avanzada edad.

Queridos hijos, el miedo que hemos sentido papá, los abuelos, los tíos y yo es indescriptible. Nunca antes habíamos vivido un miedo parecido a este, miedo a perdernos, miedo a algo invisible que no muestra síntomas hasta 15 días después.

El virus avanza con gran velocidad, y se ha llevado a muchas personas. Aún, al día de hoy, el 14 de la cuarentena en Ecuador, podemos contar con la fortuna de no haber perdido a nadie cercano. Pero no somos inmunes, y no sabemos cuánto tiempo más estaremos así.
Seguramente unas cuadras más allá de nuestra casa hay alguien que no ha sido tan afortunado como nosotros y conoce a alguien que perdió la batalla contra la enfermedad. Quizá hay hijos, como ustedes, que han perdido a alguien que amaban, o padres o abuelos, o amigos.

Hay un dolor indescriptible en estas muertes, un miedo paralizante que nos abraza a todos cuando leemos las noticias.

Confío que ustedes nunca tendrán que sentirse así. Que para ustedes esto será un cuento viejo y cansino, una historia de terror que les han contado pero que no han visto con sus propios ojos. Confío que lograremos que ustedes crezcan entre la naturaleza como hicimos muchos antes de que la pandemia tocara el suelo de nuestros países. Confío que crearemos un mundo donde podrán volver a abrazar a las personas que aman como nosotros disfrutamos antes sin darnos cuenta lo felices que éramos.

Y en este punto queridos hijos, solo puedo prometerles algo, no nos rendiremos.

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