“La ficción que tiene parte de verdad,
La verdad que es más sencilla contar en un sueño,
El sueño que se niega a dejar de soñar,
Las personas que se esconden tras las palabras de una ficción.”

Me llamas,
No quiero ir.
Me buscas,
No te quiero ver.
Y sigues,
Insistes.
Y esas manos que no quiero sentir suben lentamente.
Las aparto,
Las desprecio.
Y tú sigues,
A pesar de la lluvia.
Avanzas.
¿Quien te detendrá?
Las cortinas se cierran,
La luz se va.
Mis ojos se niegan a mirar,
Mis labios se niegan a negar.
Suspiro.
Y tú tan frío,
Tan caliente,
Tan normal;
Para ti todo es normal.
Para ti la asesinar es lo más normal.
Y los pétalos de la flor caen,
Los pétalos de la flor roja empiezan a volar.
Tus sueños se hacen míos,
Mis sueños se hacen tuyos.
Las sabanas se mueven de un lado a otro.
Quien entiende nada.
Me niego.
Cedo.
Me vuelvo a negar…
Lucho tanto,
A muerte quizá.
Una bofetada,
Una gota,
Una mancha de café.
Cedo.
Un grito muerto.
Mis ojos que no te ven.
Te acercas,
Me quedo quieta.
Y tus ojos sanguinarios me matan,
Su crueldad,
Su dureza,
Su maldita indiferencia.
Algo en mi quizá se levanta,
Algo en mi quizá te desea matar.
Y pienso,
Y sufro.
No hablas,
No escuchas;
No te detienes ahora a pensar.
Continuas.
Tus manos me queman,
Mis sueños se parten.
¿Quien te entiende?
No quieres ser entendido.
Continuas.
Mis manos están cansadas,
Están dormidas.
Mi cerebro hace tanto que se alejo.
Ya no duele,
Ya no mata,
Ya no siento.
La flor bella,
La flor tierna se marchita.
Duro,
Muerto;
Cae.
Que maldito dolor,
Que terrible agonía.
No termina ni con el tiempo,
Ni con el espacio.
Te levantas,
Te vas.
Tras de ti azotas la puerta.
Y por ahora acaba.
Quien sabe como querrás luego torturar.
Me quedo tirada entre los despojos de mi.
Te has ido,
Y aquella marca crecerá.
No se detendrá.
Y con cada palabra el recuerdo me perseguirá.
Con cada mirada aquella historia volverá,
Mi piel nuevamente la sentirá.
La réplica de tus ojos,
La muestra de tus pasiones.
Tú, en frágil y pequeño.
Él, mi hijo.