Sin medios suspiros pasmados en el tiempo, sin lamentaciones o torturas humanas. Contemplas tus manos durante horas, preciosas, suaves, siempre cubiertas de la angustia común para los súbditos, del estúpido dolor en el que viven los campesinos curiosos.

En tus ojos negros, profundos, bailan la el alba y el ocaso; juguetean luces y sombras.

Bello celador insensible en reino de bellos. Animal normal, bestia humana de extrañas proporciones.

En tus gastadas manos habitan la luz y la oscuridad, la tierra sin dominio ni señor, el infierno bien servido bajo tu piadoso terror.

Cual hermoso poder que asecha al trofeo anhelado, al laurel jamás mancillado codiciado por el cazador.

Creador maldito de vida despreciable que no se quiere, autor de sueños reales, de infinitudes mínimas. Conocedor de todo.

Pintas hoy, en mí, paredes de rojo intenso; penetrantes, por sí solas devastadoras inquebrantables.

Amargo humano devorador de humanidad, maldito animal sanguinario y cautivador. Tus ojos negros perfectos, crudos, enloquecen cada centímetro de mí, tu voz sencilla acurruca mi alma y así me haces fácilmente servil.
Solos en la lejanía de un mundo perfecto que creaste para mí, en la fantasía instantánea para en eternidad dormir.

Perversa criatura, verdugo, alimaña que no dejo de amar. Quimera hermosa, pintado de rey de sueños y deseos.
Bestia mil veces mal invocada. Confiado, sin temor a mí que soy frágil, te acercas más. Miras mis ojos enfermos por ti, teñidos de cristalina humanidad. Tomas mi mano de seda para plasmar la marca letal, suave y fría del beso más cruel que jamás haya existido.

Dueño del miedo más ingenuo, del estúpido amor paradisíaco. Ser de lágrimas irreales y alma teñida de inmundo y oscuro hollín.
Con mi alma en tus labios te deleitas de la tierna caída de mis sentidos enamorados. Por tus labios, más peligrosos que un puñal la luz plácida de mis ojos se va.
Un suspiro ahogado se esconde en la última de mis lágrimas, se vuelve tumba de mi corazón inerte. Corazón escondido en los labios del asesino amante.

Las paredes teñidas de rojo fresco me despiden del mundo y el fulgor de las estrellas que lo escoltan me conduce al precioso lugar.

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