Saltar al contenido

Delirio IV

(El Fín…)

Hoy por fin el santo cordero envenenado murió.

Adiós amada,
Adiós amor.

La muerte para mí nunca bastara,
Y añorándote en aquella vida andaré sin pensar.

Hoy por fin todo el dolor de verte agonizar acabo,
Y junto a la dicha de no verte llorar esta la margura de no tenerte aquí jamás.

Adiós amada,
Adiós amor.

Delirio II

Cosas que no se van,
Cosas que no se mueren…

Tú, amante insaciable me gritas con tu hermosa voz,
Yo, asesina indomable me encierro a llorar.

Cosas perdidas,
Cosas que no queremos aun alejar.

Mientras tanto seguimos disfrutando del dolor y la sangre,
De la venganza mil veces cruel.

Te amo maldita, y escondida de mi misma me hecho a llorar,
Me amas perdida, y en un hueco te dejas matar.

Acuarela

Y que me queda en este lugar, nada, malditos huecos, maldita soledad. No estás ahora y nunca estarás, acompáñame te pido, llévame a pintar. No quieres ahora, ni nunca querrás. Muerte entonces púdrete y déjame en paz. Necesito tus manos, esas que no me quieres dar, y las palabras no sirven de nada, y gritar jamás servirá.

Estas tranquilo lejano a este maldito lugar, me das consuelo, consuelo que no quiero escuchar.

Aléjate maldito déjame llorar. Que te odio por necesitarte, que te necesito para respirar.

Lo que no dije y no diré

Está lo que callaste amor por compasión y desgano de amar, está lo que ocultaste, querido, entre las sombrías y enmohecidas sábanas  de tu habitación. Lo que abandonaste para mi, lo que me robaste entre la penumbra de la noche.
Está tu silencio maldito que no deja de existir, que ni el llanto de ella permite mancillar. Está mi infernal y siniestro remordimiento que ya no se cómo ocultar.
Y la caminata es larga por aquella cuesta sin sentido, y las ansias locas de volver continúan ahí, se mantienen desgarrando las camisas, quebrando nuevamente las copas, Estás tú, hermoso, tendido en la nada del mundo mirando las gotas caer por mi rostro. Estoy yo, aturdida en la soledad de un cuarto vacío, oscuro, en espera de algo que no se por qué ha desaparecido.
No esta esa foto, con su inigualable maldita voluntad, no está aquella carta de aprobación que me da la libertad de actuar.
Y entre las rocas la ira me tiñe el rostro del purpura de antigüedad. Estoy sentada sola frente a esa pantalla natural de indomable hermosura. Los ojos se me parten, los oídos amargos por oír tantas mentiras me sangran.
Escucho a lo lejos los gritos insaciables de aquellos miles de espectadores que vienen aquí por mí, por ti, por el espectáculo sangriento. Malditos animales sedientos de carne cruda, de mi carne, de tu carne inmunda.
Y aún así no intento dejarte, seductor amor de infiernos hermosos. Tú maldito me alejas rápidamente con tus ojos perfectos, con tus mil palabras de hielo que sé que no volveré a tener, con tus silencios macabros;
Me desnudas sencillamente con tu voz de acero,
Y el mil veces maldito perfume de cuerpo me embriaga de vuelta a ti, a mi inmovilidad, a mi muerte, y servil me manifestó a tus manos otra vez.
Corro vorazmente en busca de aquellas piedras con las que me intentaré liberar,
Mentira, caigo de nuevo en una espera absurda queriendo un no se que encontrar.
Te amo innegablemente para ti y para mi; y entre las cortinas de agua dulce intento esconder mi corazón,
Tú ignorante de la vida y la muerte despedazas a hachazos las ideas del toreador, caigo de la red, desciendo en la nada,
Y te atreves aun así a contar tus bellos y sádicos dramas, te mofas de mí a mis espaldas conociendo mi dolor, tomas la maldita estaca y detenido una vez más en el tiempo muerto, en el tiempo de tus cuentos me invitas a bailar;
Bailamos a tu ritmo una maldita vez más, y con los ojos cerrados empiezo cánticos demoníacos inventar.

Oraciones

(Domingo 14 de Diciembre 2008)
¡No!
Él no tuvo la necesidad de decir nada.
Nunca abrió su boca
Y por el silencio hoy lo condeno.
¡Si! las palabras nunca las pronuncio,
Más se las sentía ahí.
No fue necesario llamar a cada una con su nombre
Y sin duda alguna todos sabíamos su denominación.
Quizá lo vimos pero no lo quisimos decir,
Quizá lo sentimos, más, preferimos a toda costa mentir.
Las mentiras que me dije,
Esas no se comparan a las que tú me dijiste,
No se comparan a las que el mundo no quiso decir,
Con las que hoy, aún, te escucho vivir.
Hoy callas tú,
Y el mundo.
Y yo,
Dentro de mi misma,
Me grito mil veces tan fuerte la verdad.
Tan fuerte.
Quiero despertar,
Quiero no escuchar.

Matías

“La ficción que tiene parte de verdad,
La verdad que es más sencilla contar en un sueño,
El sueño que se niega a dejar de soñar,
Las personas que se esconden tras las palabras de una ficción.”

Me llamas,
No quiero ir.
Me buscas,
No te quiero ver.
Y sigues,
Insistes.
Y esas manos que no quiero sentir suben lentamente.
Las aparto,
Las desprecio.
Y tú sigues,
A pesar de la lluvia.
Avanzas.
¿Quien te detendrá?
Las cortinas se cierran,
La luz se va.
Mis ojos se niegan a mirar,
Mis labios se niegan a negar.
Suspiro.
Y tú tan frío,
Tan caliente,
Tan normal;
Para ti todo es normal.
Para ti la asesinar es lo más normal.
Y los pétalos de la flor caen,
Los pétalos de la flor roja empiezan a volar.
Tus sueños se hacen míos,
Mis sueños se hacen tuyos.
Las sabanas se mueven de un lado a otro.
Quien entiende nada.
Me niego.
Cedo.
Me vuelvo a negar…
Lucho tanto,
A muerte quizá.
Una bofetada,
Una gota,
Una mancha de café.
Cedo.
Un grito muerto.
Mis ojos que no te ven.
Te acercas,
Me quedo quieta.
Y tus ojos sanguinarios me matan,
Su crueldad,
Su dureza,
Su maldita indiferencia.
Algo en mi quizá se levanta,
Algo en mi quizá te desea matar.
Y pienso,
Y sufro.
No hablas,
No escuchas;
No te detienes ahora a pensar.
Continuas.
Tus manos me queman,
Mis sueños se parten.
¿Quien te entiende?
No quieres ser entendido.
Continuas.
Mis manos están cansadas,
Están dormidas.
Mi cerebro hace tanto que se alejo.
Ya no duele,
Ya no mata,
Ya no siento.
La flor bella,
La flor tierna se marchita.
Duro,
Muerto;
Cae.
Que maldito dolor,
Que terrible agonía.
No termina ni con el tiempo,
Ni con el espacio.
Te levantas,
Te vas.
Tras de ti azotas la puerta.
Y por ahora acaba.
Quien sabe como querrás luego torturar.
Me quedo tirada entre los despojos de mi.
Te has ido,
Y aquella marca crecerá.
No se detendrá.
Y con cada palabra el recuerdo me perseguirá.
Con cada mirada aquella historia volverá,
Mi piel nuevamente la sentirá.
La réplica de tus ojos,
La muestra de tus pasiones.
Tú, en frágil y pequeño.
Él, mi hijo.