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¡Feliz Navidad!

Queridos míos, les dejo un rápido mensaje navideño deseándoles lo mejor para estas fiestas.

¡Feliz navidad!

Campo de batalla

Estaba camino a una reunión de trabajo con unos 6 o 9 compañeros, entre ellos el amante de turno. Iba vestida con una blusa negra de tela gruesa y una falda asimétrica, con tablones color crema de seda transparente que dejaba ver lo que llevaba debajo. Sobre esto, en un intento de evitar que se viera la ropa interior, llevaba un kimono largo de seda color negro con flores rojas.

Íbamos apurados, saliendo a tropezones, bajando escaleras rápidamente. Nos metidos en un auto a con premura y empezamos a andar lo más ágil que nos era posible. Mi amante y yo nos mirábamos con el mismo secretismo con el que estábamos muy mal acostumbrados a vernos.

Rodamos por la ciudad durante algunos minutos embriagados por una atmosfera de ansiedad y preocupación. Íbamos tarde, jodidamente tarde, a una reunión de trabajo extremadamente importante y sabíamos que de ella dependía, en más de un aspecto, nuestro futuro.

Después de una gran cantidad de tiempo llegamos al lugar de la reunión. Era tarde, los clientes había esperado unos 45 minutos. Empezamos a subir escaleras, caminando apurados con papeles y carpetas en las manos. Le llamé la atención a mi amante, para pedirle, en voz muy baja, que me dijera si la falda era demasiado reveladora. Avancé unos pasos mientras él me analizaba la caminada.

Llegamos a la puerta de la sala de conferencias solo para darnos cuenta que la reunión se había llevado acabo de sin nosotros y había culminado hace unos minutos. Mis compañeros empezaron a estresarse, a llorar, dejar caer los papeles y gritar. Estaban muy angustiados porque habíamos quedado mal con el cliente y era muy posible que lo perdiéramos.

De la sala de conferencias sale una mujer morena fumando un cigarrillo con tranquilidad. La reconozco al instante, es aquella mujer con la que mi amante me había estado engañando durante, solo Dios sabe cuanto tiempo. Se me revuelven las entrañas, me tiemblan las manos. Me volteo colapsada por la sensación de nauseas. Empiezo a caminar intentando alejarme de esa situación, pretendiendo alejarme de todo eso. Bajo escaleras, el viento me azota con fuerza el cabello, el cielo se torna naranja, como su fuera el atardecer.

A lo lejos se enciende el bombardeo, los edificios caen en pedazos, el asfalto se abre dejando ver la tierra. Se levantan capa tras capa de polvo. En cada esquina hay personas con ametralladoras, circulan por las calles jeeps con soldados armados hasta los dientes que disparan a diestra y siniestra. Lanzan bombas hacia la tierra cada 5 minutos haciendo que todo tiemble y obligan a que los edificios destruidos terminen de colapsar.

Veo personas sucias, heridas y llenas de sangre corriendo de un lado otro intentado cubrirse de los ataques o escapar. Corro hacia una trinchera que está cubierta por un trozo de alambrada con enredaderas, me apoyo sobre los sacos. Estoy con otras 4 personas más. Un hombre, vestido de soldado está a mi lado, tiene la mirada, dura, fijada hacia el frente; levanta su ametralladora, la acomoda sobre los sacos y apunta con precisión a los soldados que, trepados en un jeep, están atacando a los civiles.

— ¡DETENTE! — le espeto con nerviosismo — el fuego no va a dejarte pasar.
— Sólo observa —me dice con tranquilidad, entonces acomoda su arma y dispara. La bala atraviesa con presión la alambrada y, al pasar por el fuego, estalla en llamas. La bola de fuego golpea contra el jeep en el que se encuentran los soldados haciendo que este explote provocando otra inmensa bola de fuego.

La atmosfera se vuelve tensa, se me tapan los oídos por la explosión. Me levanto como mejor puedo rodeada por la conmoción de la explosión y empiezo a correr hacia el edificio del que había escapada previamente. Me mantengo oculta tras los pilares gruesos que están en la base. Los hombres y las mujeres armados no pueden verme mientras corren de un lado a otro disparando o gritando.

Me deslizo entre cada pilar, intentado mantenerme oculta, entonces veo a la mujer que medio la visa en la mitad de la línea de fuego. Sobre el cielo, a su alrededor revolotean los helicópteros enemigos, se disponen a lanzar otra tanda de bombas al suelo. El corazón empieza a latirme con fuerza, las manos me tiemblan —¡¡CORRE!! — Le grito con angustia — ¡¡corre!! — Le digo casi en una súplica mientras mis ojos se atiborran de lágrimas. Ella me escucha, e intenta acercarse a mí, entonces empiezan a bombardearnos de nuevo, el suelo tiembla con una fuerza desmesurada, el fuego se levanta en grandes olas, nuevamente mis oídos se quedan sordos, todo se pone borroso.

Pierdo la consciencia.

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Volver al pasado

Quiero que me abraces como antes, quiero que me quieras como antes. Quiero quererte como antes, sentir nuevamente todo la ilusión de la primera vez.
Quisiera volver al pasado, plantar mis pies en algún lugar seguro. Quisiera detener el miedo.

Una noche

Podría volver a ti, correr a tus brazos de nuevo y quedar prendada de ellos para siempre jamás. Podría convencerme de que eres “eso” que estoy buscando. Que tienes todo lo que necesito, y que al fin logré armar mi rompecabezas.Y luego tú solo, tú y los mil y un demonios que llevas dentro me abofetean en la cara recordándome que eres el peor de los errores que jamás podría o volvería a cometer.

Una noche. Estoy plantada frente al espejo encarándome, cuestionándome. Dando vueltas sobre las ideas compulsivas que no me permiten que deje de preguntarme ¿qué diablos estoy haciendo?

Una noche, nuevamente, estoy moviendo las manos desquiciadamente, mordiéndome el labio inferior, mirando al techo esperando que las grietas me suelten las respuestas al centenar de preguntas que tengo acumuladas en el pecho.

—Podría volver a ti— Le susurro a mi reflejo imaginando que me escuchas, y me conmociona darme cuenta que lo estoy considerando. —Realmente ¿podría tenerte a mi lado para siempre? —

Tiempo al tiempo

Doscientas horas han pasado desde la última vez que la vida no me pesaba. Mi amor se ha perdido en las manecillas del reloj, mis ganas están gastadas. Estoy, como siempre, torturándome con ideas, con sentimientos, con palabras.

Soy incapaz de recordar un centenar de cosas. Soy incapaz de describir con precisión los detalles de lo que fuimos, aun así la angustia es exactamente la misma que había cuando te tenia conmigo. Las pesadillas son las mismas y he perdido la capacidad de conciliar el sueño.

Han pasado doscientas horas más desde que la inocencia cegaba mis ojos, desde que los sueños definían el curso de mis pasos.

Ha pasado un poco más de doscientas horas desde que escuché tu voz por última vez, desde que miré tus manos y me dejé sujetar por tus besos. Ha pasado tanto el tiempo que he tenido la oportunidad de observarte como eres, de entender lo imperfecto que eres.

Angel caído

“Sparkling angel I believed
You are my savior in my time of need.”

Me recuesto sobre la cama para poder ver su rostro por completo mientras él me habla de las cosas que habían pasado, de nuestra historia, de lo que habíamos sido. Mientras yo recuerdo cómo lo había querido.

Llevamos un shot de tequila, dos, quizá tres. Pierdo la cuenta, empiezo a perder el control.

“Ahora veo con claridad que la distancia es relativa, que quizá jamás consiga alejarme lo suficiente.” Tristeza

Empiezo a revivir, a sentir de nuevo. Quiero abrazarlo, que me posea, mi lujuria tiembla y luego solo soy vacío de nuevo. Mi cabeza revive los recuerdos: todo empezó con un sueño, un par de dibujos y juegos sin sentido. —Todo empezó con sexo.— me dice con tranquilidad.

“¿Esto es lo que soy? 
¿Es aquella fantochada nuestra vida?”

Recorre mi espalda con su mano, me desabrocha el sostén y acaricia mis piernas mientras las manos le tiemblan. Me dejo llevar, me permito sentir y que cada sensación me ayude a recordar. Acaricia mis costillas, juguetea con el nacimiento de mis senos mientras mis piernas acarician las suyas.

Sujeta con fuerza el nacimiento de mi cabello y da tirones hacia atrás. Suelto un gemido que lo incentiva a continuar, tira una y otra vez con fuerza mientras los gemidos se escapan de mi boca, mientras mi pelvis se suelta.

Su rostro y mi rostro juntos, de nuevo, después de tantos años. sus labios, acercándose, intentando quebrarme, intentando poseerme. Sus manos tan calientes.

“¿Quién lo detendrá?, 
¿Quién me detendrá?” 
-Cian 49
“I still remember
The smile when you tore me apart.”

Me aferro con fuerza a su pecho, como en el principio. Puedo escuchar su corazón latir con fuerza y rapidez dentro de su caja torácica. —¿Esto es felicidad?— susurra una niña en mi cabeza. Entonces los recuerdos estallan en mi cerebro gritando, gimiendo, llorando. Las lagrimas, las discusiones, las traiciones. Todo se atasca en mi cerebro, todo vuelve, el dolor vuelve, exactamente igual, corre por mis venas las desolación. —Él no tiene corazón me susurra una mujer en lo más profundo de mi cabeza— esto no es felicidad. 

“What is the reason, the thorn in your eye?”

Me pide una y otra vez que me quede a dormir, que me quede con el esa noche, toda la noche. Que duerma con él. Y la tentación es inmensa, doy una vuelta tras otra en la cama, en sus brazos, sobre su cuerpo. Miro sus ojos, siento su respiración. La tentación aumenta.

“Me juegas sucio, 
Y con mi propio pincel me atacas.”
-Cian 49

Me dice que ha cambiado, que todo podría ser mejor. Intento creerle, me gustaría querer creerle.

“It was all just a lie.”

Recaída

Desperté con todos los estragos de haber bebido de más: con la cabeza a punto de explotar por la tristeza y la conciencia furiosa por las tareas pendientes que tenía por hacer.
En mi celular está el rastro de alguna discusión y mis ojos, hinchados y adoloridos, me recuerdan que he pasado horas llorando.
Pensé que pasados los años el pasado pesaría menos, imaginé que el tiempo me enseñaría a dejar de cometer los mismos errores de siempre.
Olvidé las reglas que me había establecido, olvidé aquel mantra que me repetía para no volver a caer en sus brazos.

He despertado donde no debía, junto a quién no debía.

¿Hasta cuándo vamos a continuar?

Volver a dibujar

Llevo varios meses intentado volver a publicar algo por aquí, pero la falta de inspiración y obligaciones “con más urgencia” me han mantenido lejos.
Lo peor de esto es que desde Julio o Julio no me había dedicado a ilustrar algo específico.

Hoy empecé el día temprano y, mientras leía artículos, me topé con la foto de aquí abajo lo que despertó, de nuevo, ese bichito que llevo dentro que me hace dibujar y sentirme tan bien cuando lo hago.

Tomé la Wacom (la que he tenido sobre el escritorio llenándose de polvo) y empecé. No tenía idea que era lo que quería conseguir, ni como se vería al final solo tenía-que-dibujar.

El resultado puedes verlo en la imagen anterior. Cuéntame, ¿te ha pasado que te has quedado sin ganas ni inspiración para dibujar?