Cada curso de la universidad tiene, en su interior, pequeños anaqueles negros, muchos dudan de la utilidad de estos pero algunos afirman que antes de que la universidad fuera construida en el terreno existía un pequeño manicomio que dejó de ser utilizado por necesidad de mayor espacio. El edificio no fue reconstruido; se limitaron a remodelarlo, pintar algunas paredes, derrumbar uno que otro muro y, quizás, crear divisiones entre los salones; los jardines se mantienen iguales, y así mismo continúan montados aquellos anaqueles de color negro de pequeño tamaño donde, según se dice, eran encerradas las alucinaciones de los internos.

En el manicomio no intentaban curar a los enfermos usando medicamentos o terapias, los especialistas preferían aplicar el secuestro; irrumpían por las noches a las habitaciones de los internos y con lanzas en manos esperaban que estos empezaran a delirar, sus fantasías tomaban vida frente a ellos y con lanzas y redes los atrapaban, y los encerraban en los anaqueles instalados en las habitaciones. Las cajas eran selladas con macilla epóxica para que los aterradores prisioneros no pudieran escapar.

La macilla pegó muy bien las divisiones de los anaqueles, ni siquiera 70 años después es posible abrirlos, y las alucinaciones y delirios del manicomio continúan ahí encerradas, aguardando su liberación.

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