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Cuentos del día primero

“Buscando red… Buscando red. La conexión ha caducado.
No se ha encontrado ninguna red disponible.”

22:45 horas, día primero.
Confusión en clave de sol:
He dado vueltas en el asiento del pasajero mientras el taxista me llevaba a casa sin apuro. Otra noche fría desesperada por llegar; dudosa de lo que sería correcto de hacer, consciente de no haber hecho nada bien, confundida; entre gozo y desdicha me revuelco en ideas de lo que se espera de mi actuar pero que débilmente decidí ignorar.

Fantasmas de media noche, medio metro más arriba:
Suena en el piso de arriba los muebles mientras son movidos. He llegado tan tarde que no recuerdo las cosas que hice antes del amanecer, saco ropa de mi bolso, la ropa que me puse para salir de casa, y enredada entre la blusa y el pantalón aparece una pluma azul que cae al suelo flotando.

Ignorancia anticipada a la fiesta:
Me miro en el espejo del baño que se encuentra manchado por el vapor, los golpes, los años y los golpes.
Jamás me había visto tan mal y extrañamente tan seductora: llevo la cara embarrada de maquillaje de prostituta muy a pesar de que, según mis conocimientos, no se maquillar de semejante manera.

Momentos de lucidez:
Se ha levantado como el rey que aguarda con ansias el amanecer para decapitar al traidor. Esta despeinada, ojerosa y extremadamente mal humorada.
Leo y escucho palabras que me hacen tener sueños con los ojos húmedos, que hacen que sus ojos azul ultramar brillen incandescentes frente a las estrellas, sé que está conmigo y eso me hace feliz.

Hay más de una botella tirada en el suelo, más de un hombre tendido a mi lado, más de una mujer con ropas extrañas. Tengo escasas ideas de cómo resolver el acertijo.

Una bofetada.
¿Quién dijo que sería sencillo?

La caja negra

Cada curso de la universidad tiene, en su interior, pequeños anaqueles negros, muchos dudan de la utilidad de estos pero algunos afirman que antes de que la universidad fuera construida en el terreno existía un pequeño manicomio que dejó de ser utilizado por necesidad de mayor espacio. El edificio no fue reconstruido; se limitaron a remodelarlo, pintar algunas paredes, derrumbar uno que otro muro y, quizás, crear divisiones entre los salones; los jardines se mantienen iguales, y así mismo continúan montados aquellos anaqueles de color negro de pequeño tamaño donde, según se dice, eran encerradas las alucinaciones de los internos.

En el manicomio no intentaban curar a los enfermos usando medicamentos o terapias, los especialistas preferían aplicar el secuestro; irrumpían por las noches a las habitaciones de los internos y con lanzas en manos esperaban que estos empezaran a delirar, sus fantasías tomaban vida frente a ellos y con lanzas y redes los atrapaban, y los encerraban en los anaqueles instalados en las habitaciones. Las cajas eran selladas con macilla epóxica para que los aterradores prisioneros no pudieran escapar.

La macilla pegó muy bien las divisiones de los anaqueles, ni siquiera 70 años después es posible abrirlos, y las alucinaciones y delirios del manicomio continúan ahí encerradas, aguardando su liberación.

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Rojo Magenta

Los sonidos suaves nos envuelven,
Mi piel como magnética de la tuya, te busca.
Tu piel atraída por la mía le corresponde.
Juntos en un segundo que parece eterno.

Suspiro.

Los olores son mágicos,
Las sensaciones enloquecen nuestros sentidos.

No hay cura para esto;
No hay enfermedad más placentera.

Con miedo,
Con duda.

Tu cuerpo tiembla,
Mis ojos se alejan de ti.

La lluvia cae,
El canto mágico de las aves empieza.
Por ti,
Por mí.

El canto suave nace de ti,
De mi voz,
De ambos.
¡Vivaz!

Entonces siento pánico,
Yo, precursora de lo indecible.

En un instante que parecía eterno,
En una eternidad que no dura mucho.

Suspiro.

Un beso loco,
Descarriado.

Mis lágrimas caen sobre tu rostro,
Tan cerca, ambos, de la vida,
Tan cerca, ambos, de morir.
Del fin que el mundo nos hubiera mostrado.

Silencio.

Tú tan cálido mirando el mundo,
Yo tan roja mirando la flor.

Juntos por un instante,
Juntos durante una vida.

Sin que alguien nos separe,
Sin que algo me detenga.
Tú me detienes,
El tiempo se duerme un instante.

Adiós.

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