Desesperada cuenta un cuento la joven,
Agotada de amar a un ser sin Dios,
Sangrantes sus labios musitan la condena de su corazón,
Confusa entre el bien y el horror.

Él acaricia esa costilla a la fuerza compartida,
Ella en la sombra hecha su don.

Cuenta ella pura el negro olor,
Sometida a un bellísimo cruel Dios;
Lleva ya muchos siglos mirando un reloj,
espera que su amo la estreche con compasión.

Cuenta la ilusa su martirio de desamor.
Él nunca será de ella,
Ella nunca dejará su cruel amor.

Ahora solo pide perdón…
En el silencio busca alejarse del predador.

Nunca se irá.
Nunca libre será.

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