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La esquina de la vergüenza

Las cajoneras con ropa recién lavada sin guardar, también conocido como “La esquina de la Vergüenza”. 🙊

¿Cuál es el lugar donde dejas la ropa durante días antes de ponerla en su sitio? 😅

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Felices fiestas

Mood para las fiestas ha sido dormir más de la cuenta en los últimos días. Hay días que esta bien bien ser perezoso, ir lento y dormir todo lo que tu cuerpo aguante.

Sobre todo después de un año como este en el que en algunas ocasiones ha sido un poco cuesta arriba mantener buena actitud y ser optimista todo el tiempo.

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Despierta

Los silencios nos poseen.
Una espesa bruma transita entre nosotros como un muro que nos separa, nos aísla al uno del otro.
Navegas en el mar donde estalla la tormenta de tus pensamientos. Y caes repetidas veces en el dolor, y te revuelcas en el sufrimiento porque no sabes cómo detenerlo.
Libras esta batalla en soledad, no permites que nadie te ayude, que nada te salve. Y solo soy una espectadora en esta trágica historia, en este martirio sin principio ni final.

La soledad se ve de un tono desde los ojos de quien la siente, la soledad se ve de un color en extremo contrario desde la perspectiva del observador.
Duelos distintos, similares y dispares. La misma batalla desde trincheras diferentes. El mismo dolor en lenguajes incompatibles que tratan de encontrarse, de sanarse y no lo logran.

Absortos en un mundo de dolor. Absortos en la desesperanza, la agonía y el sufrimiento.

Mírame por favor. Despierta.

Te veo a mi lado pero realmente ya no estás. Ahora eres un cascaron vacío de quien fuiste en algún momento. Eres un versión mal hecha de ti mismo. Eres una versión que duele a la vista y el corazón.

La vida se ha escapado de ti. O quizá tú estás escapando de ella con desesperación porque no encuentras cómo solucionarlo. Tus ojos pasan sobre mi sin registrarme. No existo, me has convertido en un objeto inerte e inútil del fondo de un estante, soy un trozo insignificante de la decoración que ya ha pasado de moda.
Nadie existe en tu vida. En esta pesadilla que el lado más oscuro de tu mente ha creado no hay nadie más que tú, tu dolor y los pensamientos de culpa y vergüenza En los que te has obsesionado.

Estás sumido en un sueño profundo, en un pesadilla sin final.

Por favor, despierta.

Busco respuestas en tu rostro, algún atisbo de esperanza, alguna razón para creer que el hechizo podría romperse. Pero la respuesta es dolorosa: solo encuentro una muralla.

¿Estas ahí? Respóndeme, ¿sigues ahí?
La pregunta no encuentra sentido y se pierde en el infinito vacío de los sueños deshechos, de las esperanzas rotas, se pierde en el aire viciado del dolor que sale por tus poros, y desaparece.

¿Me escuchas? Te quiero. Por favor despierta.

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¿Y si no quiero que termine la cuarentena?

Cuarentena – Día #77

No quiero que termine esta época, que esta cercanía tenga fecha de caducidad. No quiero que termine esta nueva dinámica que hemos creado: todo el día juntos, risas todo el día, conversaciones espontáneas, a veces silencios cálidos, abrazos cuando me plazca.

¿Soy la única a la que le pasa? ¿Soy la única persona que se ha acostumbrado a esta cercanía de su ser querido y que extrañará todo el tiempo juntos?

Días atrás escuchaba a unos conocidos comentar que cuando las personas vuelvan a sus trabajos, después de casi 3 meses de aislamientos y home office nadie va a querer repetir la frase: “ya manden a las casas”.

En esta conversación también decían que ya están cansados de pasar todo el día en casa con sus familias. No lo entiendo. No consigo ponerme en sus zapatos, no concibo compartir la vida con una persona que no quiero, con quien no soy feliz, o (en el peor de los casos) que no soporto.

Continúo buscando formas de lidiar con el cambio de rutina que se aproxima, esta historia aún no tiene fin.

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¿Y si vamos al dormitorio cogidos de la mano?

Cuarentena – Día #76

Esta viñeta es una reflexión que surgió hace unas semanas atrás, cerca del día 61, cuando yo aún no había salido de casa ni un solo día.

Antes de cuarentena Fran y yo caminábamos todos los días por las calles de nuestro barrio cogidos de la mano. Íbamos a pie de un lado a otro ya fuera en paseos, en trámites, camino a ver a nuestros amigos. Siempre caminábamos, y siempre íbamos de la mano.

“A veces las cosas más pequeñas parecen enormes.”

Michelle Obama, Mi historia

Aunque es cierto que ahora pasamos todo el día en casa juntos, es extraño que ciertas cosas de nuestra dinámica cambiaran de un día otro y que no tuvieran que ver con la estabilidad de nuestra relación.

Trabajamos en encontrar formas de continuar con nuestras viejas costumbres a pesar de las olas de cambio que estamos viviendo.

Mi motor para continuar, para adaptarme a todas estas situaciones es la frase que leí en algún lugar años atrás: “La única constante es el cambio.”

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