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Formas de Decir Te Quiero No. 5

Existen pequeños actos que dicen más que mil palabras (y algunos de esos actos llevan unas vcuantas palabras 😅). Hay situaciones que nos recuerdan el cariño que pueden tener con nosotros las personas que nos rodean: padres, amigos, familiares, hermanos, y hasta nuestra de nuestra mascota.

Cuéntame tú manera de expresar lo que sientes. 👀

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Rendidos de amor

Estás tendido a mi lado, rendido de amor y eso es lo único que necesito para sentirme plena.

Estoy tendida junto a ti, junto a tu pecho que lo único que me brinda es calor. Y esto es todo lo que necesito para sentirme feliz.

No cabe la dicha en mi cuerpo y mi cabeza no es capaz de imaginar palabras que describan el gozo que siento. Y de mis labios solo brota la palabra amor.

No quiero ver otra cosa que no sea ti, no quiero imaginar una vida sin ti. Y junto a ti mis brazos solo pueden dar calor.

Hemos pasado en esta danza semanas, días y cientos de horas. Y la llama que recorre mi cuerpo cuando te veo se enciende más a cada instante.

¿Qué es el amor sin tu voz? ¿Qué hago con mi amor si no está tu calor?

¿Qué haría mi alma sin tu fuego abrazador?

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Anticipo a la despedida

Mis rodillas han caído al suelo rendidas, vencidas. Me falta el aliento. Me tiemblan las manos. Hay un nudo en mi garganta, no puedo tragar, hablar, ni gritar.

El dolor parece tan grande que derrumba mi ser. Soy un alfeñique que da vueltas entre la pena y la angustia. Soy sólo el residuo de lo que fuéramos juntos. De lo que ya nunca podremos ser.

La tristeza me embarga como un diluvio, como un alud que arrasa con todo. Que lo destruye todo a su paso. Que consume y devora lo que toca, en un instante. Y no me queda tiempo para pensar, para sentir, para encontrar una solución. Ya no estás. No lo entiendo, no lo creo, ni siquiera lo quiero analizar: no estás.

No me queda lógica, pasión, ni deseo.
No puedo respirar.
No sé cómo respirar si ya no te tengo aquí.

Tu ausencia es como una sentencia. Un desgarrador desenlace para esta historia que se precipita a terminar. Que no estaba lista para ver terminar. Tus ojos ya no me ven y yo jamás podré volver a ver los tuyos, de nuevo.

Tu amor se ha transformado, se ha transfigurado. Ha salido de tu cuerpo para habitar en todo lo que me rodea. Mi hogar se va contigo, se fue contigo. Y tu amor está aquí, alimentándome, animándome.

Es éste el miedo a la pérdida, al abandono. Es ésta soledad lo que consume mi alma. Es el deseo de control, que nada cambie y podamos continuar nuestras vidas como-siempre lo que me conduce a la locura.

Aunque ya no volverá a ser como-siempre.

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Retrato de una relación Tóxica

*Este es un post que escribí en septiembre para el blog español Sex Love Luck.

A los 18 años me creía ganadora de la lotería: salía con el prototipo de rockerillo rebelde con el que casi todas las chicas han soñado estar. Aquella relación duró cerca de 4 años y fue lo más cercano a ser atropellada, cada noche, por un camión.

Muchas veces me encontré cuestionando nuestro noviazgo: «¿es verdad lo que dijo?¿estará con otra? ¿qué debo hacer para que me prefiera? ¿qué tienen ellas que me falte? ¿algún día un hombre “bueno” se fijará en mí? ¿quiero compartir el resto de mi vida con él?» o, más simple: «¿por qué sigo en una relación con él?»

Corrían mis 19 años cuando descubrí a “mi novio” teniendo amoríos con una larga y diversa lista de mujeres, pero a pesar de sentir paranoia y desconfianza continuaba aferrada a él. Había mal aprendido de historias románticas que para amar a alguien se requiere “luchar” y cómo las mujeres perseverantes logran “transformar” al hombre patán e infiel en un príncipe azul.

Hicieron falta 3 años para entender lo insano que es justificar la infidelidad en los “errores” de la pareja. Y necesité muchas malas noches para reunir valor y aceptar la miseria que me producida su compañía.

Los malos momentos eran más comunes que los recuerdos divertidos. Me daba vergüenza hablar de mi relación amorosa con otras personas porque sabía lo tortuosa, dramática y humillante que era. Comprendía que este muchacho impulsivo e impredecible estaba predispuesto a fallar.

Durante las noches “buenas” las bromas sarcásticas se convertían en gritos; ambos intentábamos ganar la batalla a costa del otro. En los días malos él se hartaba de mi incredulidad, sus mentiras de preescolar habían perdido efecto; y lleno de ira daba media vuelta, agarraba un taxi y se marchaba.

A pesar de las situaciones desesperantes tenía miedo a alejarme y perder los beneficios de su compañía, la soledad parecía ser peor consorte. Me había convencido que existían muy pocas posibilidades de encontrar a alguien mejor. Era adicta a librarme de la culpa de nuestros problemas justificando que mis errores eran consecuencia de sus infidelidades y mentiras.

Me faltaba sentido común y madurez para entender que el amor, el respeto y el compromiso deben estar presentes como pilar en la dinámica de pareja, y que sin ellos, la convivencia entre ambos iba apresuradamente hacia un precipicio.

Pasaron muchos años hasta que fui capaz de ver todas las banderas rojas que mi relación lanzaba frente a mi rostro.

Con estas señales, ¿cuánto tiempo te hubiera tomado entender que estabas en una relación tóxica?

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Amor incandescente

Estoy cayendo en el abismo profundo de mis pensamientos.
Estoy soñando con el futuro, divagando en el pasado, consumiendo el presente.

Hay mariposas en mi estómago, adrenalina en mis venas, sudor en mis manos.

Los labios me saben a ti, con el vívido gusto del amor recién hecho.
Mi alma está llena de gozo disfrutando segundo a segundo la dulzura de tu presencia.

Estoy soltando mi alma en las manos del amor, me estoy entregando entera a ti.

Soy como la flama incandescente de una vela que salta de un lado a otro abrasando todo lo que la rodea con su calor.
Nuestro amor es una estrella fugaz: radiante, inesperado, perfecto.

Eres lo que estaba buscando. Soy lo que siempre habías querido.

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