⚠️Advertencia: En este post se habla de perdidas, aborto, embarazo interrumpido, luto, pérdida de un hermano.
He contado esta historia a algunas personas, pero nunca me había sentido tan vulnerable como cuando lo hablé en terapia.
Sanar a veces implica indagar en temas en los que habías evitado profundizar por miedo.
Empecé a investigar sobre las pérdidas de gemelos y me di cuenta que se habla mucho del dolor que tiene la madre cuando pierde a su hijo pero que poco se toca la tristeza que siente el co gemelo. Lo poco que encontré me ayudó a semtirme menos sola y reconocer que no soy la única que se siente así.
Esa es la razón de esta viñeta. Si has pedido a un gemelo o persona muy cercana solo quiero decirte que no estás solo, todos los sentimientos (ira, dolor, tristeza) son válidos. No pienses que estás loco o que eres débil por sentir lo que sientes.
Gracias a mi terapeuta por acompañarme en este viaje de aprendizaje.
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Me fui a vivir sola en el 2018. Lo hice para crecer, por salud mental.
Y aún siento la necesidad de aclarar que me fui a vivir SOLA, no con un novio, o amiga. Al principio, cuando le contaba a las personas sobre este gran hito en mi vida todas asumían que mi (en ese entonces) novio vivía conmigo. A todos se les hacía extraño que decidiera salir de la casa de mi mamá para estar sola en un departamento, y no para estar con mi pareja. Nadie comprendía que yo anhelara soledad e independencia. Cosas de la sociedad religiosa y conservadora en la que vivo no termina de concebir: “una mujer sale de su casa casada o nunca sale”.
Pero para mí el punto siempre fue claro: me fui a vivir sola porque quería aprender a ser independiente antes de pensar en vivir con otra persona. Quería saber de qué era capaz y de qué no era capaz, habitar con la soledad, descubrir cuáles serían las reglas para mí en esta nueva vida. No deseaba transitar de ser hija a ser pareja. Como si pasara de “pertenecer a mis padres”, a “pertenecer a una relación”. Quería pertenecerme a mí misma. Veía la necesidad de saber quién era yo sin otros. Y así lo hice, viví sola 1 año y 2 meses.
Vivir sola fue un viaje. Pasé de la casa de mi madre a un departamento pequeño con 2 ambientes, y totalmente vacío. No tenía nada, ni siquiera una cama. Pero también fue un viaje para madurar.
*Estas fotos son del día que dejé el departamento de 2 ambientes y me mudé con Fran a una casa. En las cajas están las pocas cosas que tenía cuando llegué.
Había sido una hija durante 28 años, no había administrado una casa nunca. Y no se me había ocurrido que para vivir solo se necesitan cosas, y no hablo solo de actitudes como responsabilidad, organización y valentía. También se necesitan cosas materiales como una cama donde descansar, toallas para el baño y una cocina para preparar alimentos. Y como ya dije, yo no tenía nada.
Nunca antes del día que me mudé se me había ocurrido que era necesario comprar una cama, ¿para qué quería yo comprar una cama propia si ya había una donde dormir en casa de mi mamá?, ¿dónde consigo una mesa a buen precio? Eran cosas tan básicas que no se me había ocurrido pensar en ellas, como “hija” lo había dado por sentado todo. Como si solo pestañear hiciera que aparecieran las cosas en la casa. Sin embargo si tenía libros, cuadernos de dibujo y lápices por montón.
*Páginas de mi diario ilustrado cuando me independicé.
¿Tenía miedo? Por supuesto que sí, tenía miedo todo el tiempo. El primer mes fue difícil y a pesar de era algo que deseaba profundamente me sentía sola y el silencio del departamento me aterraba.
La primera noche el sonido de los árboles no me dejaba conciliar el sueño, las sirenas a lo lejos avecinaban peligro. El movimiento de las celosias de vidrio cuando pasaba un auto me recordaban el terremoto del 2016 en Ecuador. Sin embargo sabía que no había marcha atrás, que aunque fuera incómodo al principio era lo que había deseado durante mucho tiempo.
*Páginas de mi diario ilustrado cuando me independicé.
Después de un tiempo me acostumbré tanto a la soledad que cuando me casé y empecé a vivir con Fran me parecía extraño que alguien más estuviera en mi casa todo el día. Aún me sentía como anfitriona. Al final el miedo menguó y adapté ese pequeño departamento vacío en mi hogar.
El 10 de agosto del 2018 fue mi grito de independencia y a días de cumplir 3 años de este suceso rememoro el camino transitado.
7 razones para vivir solo en algún momento de tu existencia:
Es la oportunidad para volverse independiente. ¿No sabes lavar la ropa? ¿No te gusta ir a la tienda? ¿No tienes idea dónde están las medias recién lavadas? Una de las principales ventajas de vivir solo es que te vuelves una persona independiente, aprendes a llevar tu mismo tu vida.
Desarrollarás confianza en ti mismo. Llegará el momento en el que sabrás que tu mismo puedes resolver cualquier inconveniente que te encuentres en el camino. Esa necesidad por que alguien te diga qué hacer, cómo hacerlo o dónde hacerlo terminará. Con prueba y error aprenderás cómo se hacen las cosas y que puedes encontrar solución a cualquier inconveniente que se presente.
Aprenderás a ser responsable. ¿Todos te llaman el flojo o vago de la casa? ¿Nunca antes has recordado la fecha de cobro de los servicios básicos? ¿Nunca te levantabas temprano solo? Cuando vives solo te das cuenta que nadie más las hará estas cosas por ti y que necesitas ejercitar tu músculo de la responsabilidad que llevaba años dormido. Es verdad que podrías fracasar al principio, pero créeme, tarde o temprano la responsabilidad hará que te despiertes temprano, o recuerdes el día que pasa el recolector de basura.
Aprenderás nuevas habilidades. La necesidad es el mejor maestro. Si no fuera porque necesitaba comer, quizá nunca hubiera aprendido a cocinar. Este será el momento en el que descubras todas las que cosas que puedes hacer y que no habías imaginado.
Inspiración y deseo de trabajar. ¿Te ha pasado que comienzas un nuevo proyecto y te llaman a comer? ¿O te dan lata porque no sacaste los vasos del cuarto? ¿Qué hay de que tu hermano aparezca para tomar tus pertenencias? Todas estas situaciones serán cosa del pasado cuando vives solo. Ya no habrá personas que te distraigan cuando estés a punto de empezar un nuevo proyecto. ¡El cielo es el límite!
Descubre la libertad. ¿Sabes cómo se ve la vida que quieres vivir? Vivir solo te ayudará a descubrir cómo se ve la vida que anhelas tener. Cuáles serán tus horarios, tus costumbres. Qué te gusta desayunar, y qué no.
Tener tu propio espacio te hará sentir seguro. Día largo, discutiste con alguien, has pasado horas conviviendo con amigos. Sea lo que sea que te drenara energías déjame decirte que la paz que sentirás al llegar a ese lugar que es solo para ti, donde están las cosas a tu manera, donde la vida se vive a tu ritmo no tiene comparación. ¡Hola descanso!
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Conozco a muchas personas (hombres y mujeres por igual) convencidos que la violencia de género es un asunto aislado, de gente extraña, de desconocidos sin rostro. Un tema de décadas pasadas. Algo que solo le ocurre a “cierto tipo de personas,” a ciertas clases sociales o problemas de lugares específicos del mundo como Medio Oriente.
Pero la violencia de género es un mal universal, una enfermedad del día a día en para muchas personas. Este cancer cobra vidas con tanta regularidad que nos desensibiliza ante él, y nos parece tan normal que se hacen bromas sobre él. Visibilizar la violencia de género es un paso importante para sacarla de la oscuridad, y poder trabajar en transformar la historia. Aprender del pasado para mejorar el presente y cambiar el futuro.
“Sola no puedo cambiar al mundo, pero puedo tirar una piedra al agua para crear muchas ondas.”
Hace unos días falleció una de mis tías. Y después de tomarme varios días para pensar, escribir lo que sentía y escuchar lo que otros pensaban empecé a anotar algunas reflexiones sobre el duelo y sentir tristeza.
En este instante no logro recordar algún momento de mi vida en el que no sintiera miedo, desconcierto o nerviosismo.
A veces pienso que el miedo es parte de mi configuración, como un plug-in que vino instalado de fábrica en el software de mi cerebro. Suelo creer que estoy mal, que quizá sentir tanto miedo es una muestra de debilidad o desequilibrio.
*Este es un post que escribí en septiembre para el blog español Sex Love Luck.
A los 18 años me creía ganadora de la lotería: salía con el prototipo de rockerillo rebelde con el que casi todas las chicas han soñado estar. Aquella relación duró cerca de 4 años y fue lo más cercano a ser atropellada, cada noche, por un camión.
Muchas veces me encontré cuestionando nuestro noviazgo: «¿es verdad lo que dijo?¿estará con otra? ¿qué debo hacer para que me prefiera? ¿qué tienen ellas que me falte? ¿algún día un hombre “bueno” se fijará en mí? ¿quiero compartir el resto de mi vida con él?» o, más simple: «¿por qué sigo en una relación con él?»
Corrían mis 19 años cuando descubrí a “mi novio” teniendo amoríos con una larga y diversa lista de mujeres, pero a pesar de sentir paranoia y desconfianza continuaba aferrada a él. Había mal aprendido de historias románticas que para amar a alguien se requiere “luchar” y cómo las mujeres perseverantes logran “transformar” al hombre patán e infiel en un príncipe azul.
Hicieron falta 3 años para entender lo insano que es justificar la infidelidad en los “errores” de la pareja. Y necesité muchas malas noches para reunir valor y aceptar la miseria que me producida su compañía.
Los malos momentos eran más comunes que los recuerdos divertidos. Me daba vergüenza hablar de mi relación amorosa con otras personas porque sabía lo tortuosa, dramática y humillante que era. Comprendía que este muchacho impulsivo e impredecible estaba predispuesto a fallar.
Durante las noches “buenas” las bromas sarcásticas se convertían en gritos; ambos intentábamos ganar la batalla a costa del otro. En los días malos él se hartaba de mi incredulidad, sus mentiras de preescolar habían perdido efecto; y lleno de ira daba media vuelta, agarraba un taxi y se marchaba.
A pesar de las situaciones desesperantes tenía miedo a alejarme y perder los beneficios de su compañía, la soledad parecía ser peor consorte. Me había convencido que existían muy pocas posibilidades de encontrar a alguien mejor. Era adicta a librarme de la culpa de nuestros problemas justificando que mis errores eran consecuencia de sus infidelidades y mentiras.
Me faltaba sentido común y madurez para entender que el amor, el respeto y el compromiso deben estar presentes como pilar en la dinámica de pareja, y que sin ellos, la convivencia entre ambos iba apresuradamente hacia un precipicio.
Pasaron muchos años hasta que fui capaz de ver todas las banderas rojas que mi relación lanzaba frente a mi rostro.
Con estas señales, ¿cuánto tiempo te hubiera tomado entender que estabas en una relación tóxica?
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