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Breve ensayo sobre el luto por perder a un ser querido

La tristeza llega como olas.

Hace unos días falleció una de mis tías. Y después de tomarme varios días para pensar, escribir lo que sentía y escuchar lo que otros pensaban empecé a anotar algunas reflexiones sobre el duelo y sentir tristeza.

La tristeza por la pérdida de un ser querido no se ve de la misma forma todo el tiempo. No es un viaje lineal, que empieza en X y termina en Y impredecible, voluble, cambiante como el movimiento del mar.

A veces se siente como el roce de la piel con la espuma del mar, delicado, te recuerda que estás vivo y que eres capaz de sentir cosas.

Por momentos es como el agua que te cubre e invade tus sentidos.

Y en otras ocasiones es como una fuerte ola que te golpea y arrastra hasta lo más profundo donde tragas agua salada, no puedes ver nada y sientes que te pierdes, que no tienes control de lo que te rodea.

Lo importante en este viaje es recordar que sin importar la intensidad, ni la frecuencia del oleaje siempre existirá una forma de salir, siempre habrá alguien dispuesto a apoyarte.

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Despierta

Los silencios nos poseen.
Una espesa bruma transita entre nosotros como un muro que nos separa, nos aísla al uno del otro.
Navegas en el mar donde estalla la tormenta de tus pensamientos. Y caes repetidas veces en el dolor, y te revuelcas en el sufrimiento porque no sabes cómo detenerlo.
Libras esta batalla en soledad, no permites que nadie te ayude, que nada te salve. Y solo soy una espectadora en esta trágica historia, en este martirio sin principio ni final.

La soledad se ve de un tono desde los ojos de quien la siente, la soledad se ve de un color en extremo contrario desde la perspectiva del observador.
Duelos distintos, similares y dispares. La misma batalla desde trincheras diferentes. El mismo dolor en lenguajes incompatibles que tratan de encontrarse, de sanarse y no lo logran.

Absortos en un mundo de dolor. Absortos en la desesperanza, la agonía y el sufrimiento.

Mírame por favor. Despierta.

Te veo a mi lado pero realmente ya no estás. Ahora eres un cascaron vacío de quien fuiste en algún momento. Eres un versión mal hecha de ti mismo. Eres una versión que duele a la vista y el corazón.

La vida se ha escapado de ti. O quizá tú estás escapando de ella con desesperación porque no encuentras cómo solucionarlo. Tus ojos pasan sobre mi sin registrarme. No existo, me has convertido en un objeto inerte e inútil del fondo de un estante, soy un trozo insignificante de la decoración que ya ha pasado de moda.
Nadie existe en tu vida. En esta pesadilla que el lado más oscuro de tu mente ha creado no hay nadie más que tú, tu dolor y los pensamientos de culpa y vergüenza En los que te has obsesionado.

Estás sumido en un sueño profundo, en un pesadilla sin final.

Por favor, despierta.

Busco respuestas en tu rostro, algún atisbo de esperanza, alguna razón para creer que el hechizo podría romperse. Pero la respuesta es dolorosa: solo encuentro una muralla.

¿Estas ahí? Respóndeme, ¿sigues ahí?
La pregunta no encuentra sentido y se pierde en el infinito vacío de los sueños deshechos, de las esperanzas rotas, se pierde en el aire viciado del dolor que sale por tus poros, y desaparece.

¿Me escuchas? Te quiero. Por favor despierta.

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Anticipo a la despedida

Mis rodillas han caído al suelo rendidas, vencidas. Me falta el aliento. Me tiemblan las manos. Hay un nudo en mi garganta, no puedo tragar, hablar, ni gritar.

El dolor parece tan grande que derrumba mi ser. Soy un alfeñique que da vueltas entre la pena y la angustia. Soy sólo el residuo de lo que fuéramos juntos. De lo que ya nunca podremos ser.

La tristeza me embarga como un diluvio, como un alud que arrasa con todo. Que lo destruye todo a su paso. Que consume y devora lo que toca en un instante. Y no me queda tiempo para pensar, para sentir, para encontrar una solución. Ya no estás. No lo entiendo, no lo creo, ni siquiera lo quiero pensar: no estás.

No me queda lógica, pasión, ni deseo. No puedo respirar. No sé cómo respirar si ya no te tengo aquí.

Tu ausencia es como una sentencia. Un desgarrador desenlace para esta historia que se precipita a terminar. Tus ojos ya no me ven y yo jamás podré volver a ver los tuyos, de nuevo.

Tu amor se ha transformado, se ha transfigurado. Ha salido de tu cuerpo para habitar en todo lo que me rodea. Mi hogar se va contigo, se fue contigo.

Es éste el miedo a la pérdida, al abandono. Es ésta soledad lo que consume mi alma. Es el deseo de control, de que nada cambie y podamos continuar nuestras vidas como-siempre lo que me conduce a la locura.

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